Le gustaba cantar mientras conducía. La ruta que tocaba ese día le resultaba tan familiar como el pasillo de su casa.
Decidió parar a comer en el siguiente pueblo, en un restaurante familiar con una estupenda comida casera.
Aparcó en la plaza y entró. Le extrañó el silencio y que nadie saliera a atenderle. Avanzó hasta el mostrador sin entender nada y cuando estaba a punto de darse media vuelta y marchar las campanas del pueblo parecieron volverse locas.
Alterado salió a la calle. Al acercarse a la iglesia las puertas se abrieron y salieron los novios y detrás familiares y amigos. Celebraban la boda del dueño del restaurante y todos habían ido a verla.
| Crédito de la imagen |
Volvió sonriendo al coche y condujo hasta el siguiente pueblo mientras pensaba cuánto influyen las series americanas. Por un momento había pensado en cadáveres, asesinos e investigaciones. Menos mal que nadie se enteraría.
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