Frustración
Querido Diario:
Eran las diez de la noche de un domingo. Los avances sobre los resultados electorales se sucedían en todos los canales de televisión. En las tertulias se repetían una y otra vez los mismos argumentos e idénticas previsiones de futuro según el color del tertuliano de turno.
Harto de todo aquello optó por apagar la televisión y reflexionar.
Le parecía imposible que el partido que había destrozado, uno por uno, todos aquellos logros que tantos años y tantas huelgas les había costado conseguir hubiera vuelto a ganar las elecciones.
Entendía sin esfuerzo que determinadas personas le votaran pero eran demasiados votos. Estaba claro que muchos de los que habían "rescatado bancos" y habían visto cómo despedían a sus compañeros con unas indemnizaciones cada vez más menguadas o cómo "lanzaban" de sus casas a padres mayores que habían avalado a sus hijos o a familias con niños pequeños que habían perdido su trabajo habían tenido que darles su voto.
Era el paradigma de la frustración. Sentía tristeza y desilusión. Tentado estuvo de mandarlo todo al cuerno y no volver a votar. ¿Para qué? Pero, un momento después, pensó en la Naturaleza; en cómo después de un incendio los brotes y las briznas de hierba asoman entre la maleza y los troncos calcinados, en cómo los animales luchan cada día contra las dificultades para sacar adelante a sus crías, en cómo todos esos perros y gatos abandonados piden ayuda a cualquiera que pase cerca (aunque muchos humanos miren hacia otro lado) para sobrevivir y vuelven a confiar en la gente a pesar del maltrato y la decepción y se dijo a sí mismo que ni hablar, que él no iba a ser menos, que una persona es un voto y no iba a dejar que el suyo se perdiera. ¡Había que luchar!
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Fuente: www.aulafacil.com |
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*Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños (Pablo Neruda)