Todos en el pueblo habían oído hablar de la joya de la familia Hopeful.
Las conversaciones sobre su origen eran continuas sobre todo en invierno cuando los turistas desaparecían y las horas se deslizaban lentas como lava que baja de un volcán.
Unos decían que un nativo de las islas se la regaló al doctor por haber salvado a su hijo, otros que se hizo con ella en uno de sus muchos viajes, pero la que más gustaba a todos decía que el doctor Hopeful se habría enamorado de una bellísima princesa de los Mares del Sur y fue correspondido pero el padre de Rangiroa había organizado su boda tiempo atrás con el jefe de otra isla y tuvieron que separarse. Al despedirse, con el corazón roto, ella le habría entregado una maravillosa perla llamada "Cielo infinito" que, de momento, nadie había conseguido ver.
Ninguna tenía sentido.
Esta es mi primera entrega para el reto #150 palabras de Marta (Diario de Algo Especial).
Es una preciosa idea descubierta, como casi siempre, por casualidad y como estamos a principios de 2015 "Año nuevo y retos nuevos"
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