Querido diario:
Acabo de volver de vacaciones y siento vergüenza.
Nos quejamos mucho y por cualquier cosa: por volver a madrugar, por retomar la rutina, porque llueve y hay que ponerse de nuevo los zapatos cerrados con la pereza que da...
Mientras tanto nos olvidamos de todas esas personas que tratan de atravesar fronteras de forma suicida porque huyen del hambre o de guerras que solo interesan a unos pocos. Nos olvidamos de aquellos que padecen una enfermedad grave y, también, nos olvidamos de los que lloran la ausencia definitiva e infinitamente desoladora de maridos, hermanas que ejercieron de madres o amigas del alma...
Dejémonos de tonterías, valoremos todo lo bueno que nos rodea y busquemos el modo de ayudar a otros (sean de dos o cuatro patas). Quizás así...
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